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yaelrosenfeld
pluma veloz
pluma veloz
01 jun 2022
In LETRAS JUNTADAS
No quisiera creer en las coincidencias, pero no tengo más remedio que rendirme a tus orillas. Un puñado de palabras al azar que se encadenaron, una detrás de otra, como las luces de una guirnalda, como una línea de puntos que inauguran el boceto de un nosotros. Es de noche acá, una noche como todas, negraoscura, quieta y silenciosa, todos durmiendo. No me atrevo ni a servirme un trago, no sea cosa que se rompa el hechizo. Tu noche, en cambio, vos me decís, es una noche de colores. No conozco los colores de la noche, te confieso, las mías siempre fueron negras aunque ahora que no duermo tienen ganas de volverse blancas. De qué color es tu noche, le pregunto a tu sonrisa. Naranja, me decís y te confieso que me estoy riendo. ¿Naranja? ¿La noche? Claro, naranja. Naranja como las nubes de tormenta que devuelven el resplandor de la ciudad que no duerme, naranja como los espirales de luz que te marcan el camino en una calle a medianoche, naranja como el reflejo de un atardecer que se inmola en el río. Ámbar, como el otoño. Recién entonces todo ese color se hace certeza, y todas tus noches desfilan frente a mis ojos, tan rotundas y evidentes que se hacen música. Busco los auriculares en el embrollo que me rodea y ahí nomás está el señor Ferry acompañándome, acompañándonos. Te canto despacio “the sky is burning, a sea of flame, though your world is changing, I will be the same”. Tu risa en llamas me sacude y no termino de entender hasta que escucho, finito y tan cerca, de tu lado de la noche la misma voz que suena de este lado mío, “to need a woman, you've got to know, how the strong get weak and the rich get poor”. De ambos lados suena lo mismo, por supuesto. Ni me pregunto por qué, porque la respuesta es obvia. Otra luz en la guirnalda, una promesa nueva. Así nos conocimos, uno de cada lado de un espejo de palabras. Vos dibujás las postales y yo apenas alcanzo a perseguirlas. Corro detrás de tus trazos tratando de no perder el aire. Me llevás flotando como un manojo de globos. Volamos juntos y la noche se tiñe de lavanda. Como tus rodillas, como mis manos. Lavanda como las flores de tu ventana. Púrpura como el otoño. Vuelve tu voz y es el viento que se arremolina en el patio. Mi sorpresa es un ancla cada vez más suelta. Vuelvo a silbarte cualquier pregunta, no quiero nada más que dejarte hablar, porque ahora que conozco tu risa no encuentro mejor música que escucharte. Entonces, rompo el silencio. No sabés cómo necesito un vino, cuánto. Sí que lo sé, y por eso tengo. No puede ser. Claro que puede. Necesito no hacer ningún ruido y buscar una copa. Vale. La tengo, cerrá los ojos. Dale. Sostené el aliento, ahora. Escuchá tu sed golpeando contra el vidrio, son tres instantes, un acorde demorado. Retené en los labios la espuma tenue del deseo, el aroma de los recuerdos. Saborealo. Ahí lo tenés, ¿te parece?, es todo tuyo. Me pregunto si este vino, a través de este espejo, se parece a besarte. Claro. No quisiera terminar la noche pero tengo que irme. Vos también tenés que ocuparte de cosas mundanas. Dónde te encuentro le pregunto a tus ojos, siempre acá me responden cantando: tell her I'll be waiting, in the usual place, with the tired and weary, and there's no escape.
los colores de la noche content media
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yaelrosenfeld
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11 may 2022
In LETRAS JUNTADAS
(Por estos días en los que tanta gente decide tomarse el buque, buscando otras cosas me topé con esta viejísima historia de amor que no recordaba. Veo que envejeció hermosamente así que la posteo). Dedicado a Mariela, que también la conoce. Conozco una mujer que todos los jueves quiere dejar al marido para irse a vivir a Washington. Muy decidida, consulta el parte meteorológico de Estados Unidos, los informes de Interpol para prevenirse de los atentados, los horarios de vuelo, el precio del pasaje con escala en Acapulco, para saludar a la cría de caimanes y la cotización del dólar blue en el arbolito de la esquina. Después, prepara el curriculum vitae, escribe los mails de despedida, pone el despertador bien temprano para hacer las valijas y se va a dormir pensando en inglés, para chequear el estado del idioma. "El amor es una zapatilla vieja" (en realidad, "Love is an old sneaker", porque ya está pensando en inglés), es lo último que traduce antes de empezar a soñar en technicolor. Todos los viernes, la mujer se levanta y lo primero que hace es mirarse al espejo: hay que retocar el colorado porque las raíces grises ya son indisimulables. Y más: lo peor no es eso, sino que cada vez son menos grises y más blancas. Las raíces. Y que nadie va a querer darle trabajo a una ancianita canosa en Washington. Pero todo esto no sería nada si no fuera porque el único capaz de agarrar la pinceleta, el barro con olor a caca y poner manos a la obra en su cabeza sin cobrar un solo peso, es su marido, ese que todavía ronca en la cama y que ni se enteró de que las valijas bajaron desde arriba del ropero y allí volverán antes de que se despierte. La mujer, entonces, se pone la bata más vieja, prepara una bandeja de desayuno para llevarle a la cama y ensaya un buendíííííííamor bien empalagoso. Mientras el tipo se zampa el café con leche, ella se moja los pelos y aprovecha para emprolijarse el castor, por si el coiffeur, que no cobra ni un peso pero siempre se las ingenia para cobrar, quiere cobrarle en especies. Un ratito después, con los hombros envueltos en toalla se sienta al lado de la ventana, justo donde pega el solcito y se tapa la nariz mientras su marido agrega agüita caliente a la henna y sentencia: "bull shit". Conozco una mujer que todos los viernes canta "aaaaaaaaal partiiiiiiiir, un bbbbbeso yun adióoooos..." mientras el marido le embadurna la cabeza con mierda de toro egipcio para que le quede de un radiante color zanahoria.
El amor es un océano desteñido content media
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yaelrosenfeld
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03 may 2022
In LETRAS JUNTADAS
SUcede pocas veces: te trajeron las abejas en una fábula suelta de letras apuradas juego suficiente para descubrirnos como arañas que explican su tejido cada tEXto anticipa las señales extensa identidad para el elogio escondido en nuestros ojos hubo un episodio CEro polillas que jugaban a acercarse alumbrando las fronteras conviene repetirlo varias veces el paisaje se llovía de naranja fuego lengua cuero agua tus hormigas mi silencio nuestra espalda músicavioLENtaceremonia especial de mariposas de la casa delicias de la tinta y la respuesta (otra vez y de vuelta y de vuelta) la evidencia de las letras en el vientre el CIAnuro de la calma
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yaelrosenfeld
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01 may 2022
In LETRAS JUNTADAS
una botella de cachaza casi vacía, una playlist de Gal Costa y detrás tu cara de nunca y tu sonrisa de siempre derrumbándose, me fui, me dijiste antes de que el abrazo hiciera murmullos con el resto de tus palabras sin sentido, me fui al carajo, repetías, vos sos la única que me entiende, el vidrio frío me inquietaba la espalda, el susurro de tu aliento en el cuello, la dejé hablando sola, te reías, sin soltarme apuraste otro trago, mi boca contra tu pecho al galope, vos sos la única que me entiende de verdad, nena, me dejé llevar por tu huracán hasta las copas, las luces y la música, aparta de mi ese cáliz, lleno de alcohol desafinabas y recién entonces encontraste mis ojos, un mundo de esperas y terrazas, el hilo azul que los ataba a los tuyos se hizo beso, vos sos la única, y se acabaron las palabras
(al) fin content media
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yaelrosenfeld
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21 abr 2022
In LETRAS JUNTADAS
Por la puerta de la cocina a la galería, al césped y, a través de la tranquera directo al médano. Desde que vive a orillas del mar, Lila baja a la playa todas las mañanas a ver el amanecer. A veces en bikini, a veces abrigada, siempre descalza. Solo la detienen las sudestadas más aguerridas y los dos o tres viajes a Buenos Aires que se resigna a hacer en el año. Fiestas, cumpleaños y, por ahora y por suerte, poco más. Mientras Facu todavía duerme, ella se cruza un bolso de tela en bandolera y sale a su rutina de gimnasia, limpieza mental, laboratorio de ideas nuevas y recolección de materiales para trabajar. Van a ser ya seis años del día que decidió cambiar toda su vida. El Día de la Independencia. Tenía familia, una linda casa, dos autos, un buen trabajo, muchísimos amigos, una vida social super intensa y un grado de alienación tan grande que cada vez le costaba más levantarse de la cama. Hasta que un día dijo basta y empezó a soltar. Se separó, renunció al puesto de sous chef en el mejor restaurant de zona norte, se despidió de todos y se fue a vivir a la costa, con dos valijas, el auto más viejo y Facundo, con cuatro años recién cumplidos. Con sus ahorros y la ayuda de su hermano acomodó una hermosa casita en el médano donde abrió una Casa de Té con venta de artesanías. Un cuarto para ella, otro para el nene, una gran cocina que es el corazón de su nueva vida y un taller donde ella misma hace las cosas que vende. Al principio fue como salir de una guerra nuclear, pero de a poco las cosas se fueron acomodando y ahora todo funciona perfectamente. La marea está tan baja que el bolso de materiales se va a llenar enseguida. Mejor, porque hay muchísimo sol pero hace más frío que nunca, y Lila no quiere que su hijo se despierte y salga a buscarla en pijama. Facu nunca tiene frío pero se pasa todo el invierno con los mocos colgando. No hay manera de que se abrigue, mucho menos de que no vuelva empapado de la playa. Por suerte le gusta mucho dormir, va a la escuela de tarde y ella puede salir sola y bien temprano. Lila camina por la orilla juntando piedras, ramas, caracoles, cosas que la marea dejó olvidadas sobre la arena. Hoy necesita muchas porque además de lo habitual tiene que hacer dos regalos. La semana que viene viajan a Buenos Aires para que Facu pase la primera semana de vacaciones de invierno con su papá y de paso festejar los cumpleaños de los abuelos, sus propios padres, que cumplen los dos en julio, cada uno por su lado. Hace tanto que se separaron que Lila ya no puede imaginarse cómo hicieron para pasar juntos veinticinco años de sus vidas. Cuando vuelve, el sol ya está bastante alto sobre el horizonte. Facu todavía va a dormir un par de horas, así que se prepara un té de cedrón y cáscaras de naranja amarga y se va con el bolso al taller. La tanda de bichitos que pintó ayer ya está lista para llevar adelante. Gusanitos arcoiris, vaquitas de San Antonio, escarabajos. Revisa el celular, tiene un solo mensaje. Buen día, Amor. Reponde con una foto del taller y vacía el bolso. Revisa las piedras, las agrupa, deja que le cuenten lo que guardan dentro. Un pájaro celeste, un gato de ojos grandes, un batallón de ranas. Estas de acá van a ser un ramillete de flores. A mamá le gustan las lechuzas. Puedo armar una familia con estas cuatro y la rama más larga. Voy a usar el marco blanco que tengo atrás. A papá le gustan los cactus, puedo pintarlos en estas piedras más grandes y con estas redonditas armo las flores y las tunas. Voy a traer una de las macetas que hice la semana pasada. Mamá y papá tan distintos reunidos de alguna manera en una misma idea de regalo. Prepara los pinceles, cambia el agua del frasco y ya está lista para empezar a pintar las piedras.
PINTAR LAS PIEDRAS content media
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yaelrosenfeld
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13 abr 2022
In LETRAS JUNTADAS
llega solo cuando quiere te visten la piel sus hormigas te mira fijo silba se moja los labios juega te sopla al oído salta aprieta en las manos (se rompe si lo apurás demasiado no lo toques) hacelo nacer con los ojos cerrados dejalo crecer como lluvia en tu pecho hacelo temblar despacito en el vientre dejalo bajar demorado en tus piernas no vayas a llorar cuando te deje vuelve siempre
malentendido content media
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yaelrosenfeld
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03 abr 2022
In LETRAS JUNTADAS
Hace nueve años escribí este texto como si fuera un llanto largo y desconsolado. Es increíble todo lo que nos pasó en estos nueve años pero todavía en más increíble que estemos otra vez en casi el mismo punto del círculo vicioso que es este país, en el mismo radio de una espiral dantesca que nos lleva siempre a un nuevo fondo. Hace nueve años tenía fácil la esperanza, ahora me cuesta un poco más. Hace nueve años escribí LLUVIA Ayer cayeron más de 300 mm de lluvia sobre la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, el mayor distrito del país. Media ciudad quedó inundada completamente, más de un metro y medio en algunas zonas. El agua entró en las casas y destruyó todo. El nivel subió varias horas y, cuando empezó a bajar, lo hizo con una lentitud desesperante. El viento del sudeste colaboró a bloquear más los desagües. Como si faltara algo, al anochecer empezó a arder una planta de coque que está en la zona de la destilería de YPF y se levantó una nube tóxica descomunal. Mientras pasaba todo esto, la tv pública pasó del acto en Puerto Madryn a un corto sobre los combatientes de Malvinas. En el medio, los de 678 le echaban la culpa a Clarín por las inundaciones de la ciudad de Buenos Aires. Sí, no es joda, el sobreimpreso hablaba de Clarín y su encubrimiento a Macri, yo lo vi, no me lo contaron. Y en la redacción de Página /12 diseñaban una tapa histórica (Venecia sin ti) que le pasa el trapo a la totalmente blanca. Hoy a la mañana la inundación en La Plata todavía no había bajado. No hay luz, ni agua potable, ni funcionan los teléfonos. Hay casas que todavía tienen 50 cm de agua o más. Hay autos apilados por la correntada como en las películas apocalípticas, cadáveres flotando en las calles. Hay gente que todavía está esperando ayuda. Hay personas en la calle absolutamente consternadas, impotentes. Al mediodía de hoy se cuentan 50 víctimas, la mayoría gente grande que murió encerrada en su casa. Mientras tanto, la tv pública se ocupa de un cacerolazo contra Macri en Cabildo y Crisólogo Larralde. O por ahí. Cuando empezó la lluvia fuerte, Juan Pablo empezó a levantar las cosas, todas las cosas levantables de su casa a medida que entraba el agua. Cuando le llegaba a los tobillos, se fue a lo del vecino, en el centro de la manzana, y allí espero hasta que también en lo del vecino empezó a subir el agua. Cuando pudo volver a su casa, la heladera flotaba horizontal en un lago de agua negra. De color negro. Claudio, Alicia y Nicolás se refugiaron en el altillo porque en la casa tienen más de medio metro de agua. Se comunican a través de celulares que se están quedando sin batería. Cintia, su marido y su hijo pasaron la noche en el techo de su casa, chupando frío y pidiendo ayuda desesperadamente para los vecinos ancianos que no pudieron subir. Ocho horas después seguían en el techo y seguían pidiendo ayuda. También se están quedando sin batería. Hernán y su familia estuvieron horas en el auto tratando de llegar a su casa a través de una ciudad que por zonas es un río y está llena de autos varados y flotando sin rumbo. Marcos se pasó más de una hora batallando sin respiro con el escurridor para que el agua no pasara de la cocina al living. Vive en La Cumbre, que se llama así porque es la zona más alta de la ciudad. Coco vive solo. Lo último que se sabe de él es un mensaje que dice que perdió la casa y el auto. Miria y Alberto tienen más de 70 y viven en un tercer piso. Están sin luz y, si se le animaran a la escalera, bajarían hasta el auto, que está en la cochera donde hay 30 cm de agua, para salir, si es que arranca, a una ciudad intransitable. Sus vecinos del segundo piso salieron anoche de la casa de su hijo y no pudieron llegar: tuvieron que pasar la noche en el auto. Ida estaba en la casa de Graciela cuando se largó a llover con todo. Sus hijas le avisaron que no volviera porque la casa estaba inundada y el barrio intransitable. Se quedó a dormir ahí, sin luz, sin agua, sin teléfono, pero seca porque es un primer piso. A la mañana se fue, pero no sabemos cómo está porque no hay forma de comunicarse. Analía se atrevió hasta el trabajo. En la oficina encontró medio metro de agua y todo arruinado. Pongo los nombres porque todas son personas, gente. No son ni K ni pro ni opo ni Corpo ni campo ni votantes de nadie, son todo eso y son gente que está viendo cómo el agua les da vuelta la vida en un instante. Algunos de ellos, incluso, cuando los inundados y los muertos eran sólo de la ciudad de Buenos Aires, se reían de “lo que estarán pensando los votantes de Macri en este momento”. Macri será todo lo que quieran que sea y mucho más, pero sacó la cara, y habrá dicho boludeces o no, pero al menos dijo algo, y salió con el equipo a hablarle a la gente. Y contestó preguntas. O sea, escuchó y contestó preguntas, ¿se entiende? Scioli también salió, un poco más tarde eso sí, pero salió. El gobierno nacional, en cambio, volvió a guardarse. Como hizo con lo de Once, y con lo de Cromagnon, como NO hizo Dilma con el incendio en Río NI TAMPOCO hizo el presidente de Chile con los mineros. Porque acá sólo se interrumpe todo, se impone el luto y se sale volando cuando se muere el presidente de Venezuela. Los que sí salieron son la bandada de militontos, con todo el guión y el diccionario bien estudiado y aprendido y estuvieron por todos lados repartiendo culpas en la OPO y los HEGEMÓNICOS y deslindando responsabilidades. Mientras tanto Juan Pablo, Ida, Alicia, Marcos, Graciela, Cintia y los cientos de miles de platenses afectados están viendo cómo y cuándo van a poder volver a algo parecido a la normalidad. Esperando desesperadamente noticias de los allegados. Pensando cómo van a hacer para recuperar lo perdido. Porque, como para muchos de nosotros, ésta es otra inundación, ni la primera ni la última. Porque lluvias e inundaciones va a haber siempre. Lo único que esperamos es que no haya más militontos. Nunca más.
HACE 9 AÑOS content media
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yaelrosenfeld
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30 mar 2022
In LETRAS JUNTADAS
Pintame los labios de migas (palabras como seda) dibujame la piel de adjetivos. Pedime un color derramado en las piernas Dejame crecer el silencio en la boca Buscame a la vuelta de la mesa y las cortinas (palabras como fuego) toreame a los ojos sin adverbios. Pedime una ronda de notas de lana Dejame caer otra vez en tus manos Y que la letra escrita (palabras como flechas) se esconda como siempre en el espejo.
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yaelrosenfeld
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26 mar 2022
In LETRAS JUNTADAS
En la quebrada del desvelo, a punto de escalar el monte del olvido, tres días después del último eclipse, unos minutos antes de que sea irreversible fecho esta carta Te escribo como si me escucharas porque de hecho sé que me estás escuchando. Porque te conozco lo suficiente como para saber que estás ahí cuando el viento me trae esta música inexplicable. Ráfagas de limonero. Nunca hay viento en las esperas y sin embargo. Una vez más, todas las canciones hablan de vos y hablan de mí y eluden amablemente decir nosotros. Sea como sea, mis ojos estallan. Empiezo mi viaje recordando que nunca te prometí nada. Y sin embargo todas esas noches de letras intentan desmentirme. Construimos un inmenso castillo de naipes, una carta por vez, sin preguntar hasta cuando y sin embargo se mantuvo firme y desafió a las tormentas. No sé si lo pensé así, si había un plan o todo fue una sucesión de coincidencias. Otra sucesión de coincidencias. Sí sé que siempre supimos que en algún momento el viento iba a ser demasiado fuerte y el desparramo no iba a pasar desapercibido. Así y todo, seguimos adelante, sin detenernos en quizás, en talveces o en quiensabes. Adelante siempre. Ahora empiezo mi viaje reconociendo que me estoy escapando. Y sin embargo. No hay modo de explicar cómo empezó todo. Llegaste sin avisar, como todas las cosas que nos enamoran. Llegaste a golpear en la puerta de quien no está esperando nada, porque aprendió que esperar, más tarde o más temprano, siempre duele. Por eso la única certeza a la que adhiero es que la mejor forma de esperar es salir al encuentro. Entraste atropellando todas mis defensas, mis empalizadas, mis argumentos. Te dejé entrar porque no pedías perdón y tampoco pedías permiso y confieso que no me di cuenta de que entrabas como nunca antes, como nunca nadie. Jugamos, es verdad, y parecía suave. Vos y tus ademanes, yo y mis adivinanzas. Vos y un gato que demora la noche en la ventana, yo y un águila que anticipa el amanecer en las cornisas. Saben las alturas como cotejarnos. Después te dije que me iba, porque siempre me estoy yendo, y ni siquiera entonces logré apartarte. La noche del eclipse, afilamos las espadas y combatimos como nunca. Te dije que iba a poner el mar en el medio y vos no preguntaste a dónde si no por cuánto tiempo. No pude decirte para siempre porque sé que no hay tiempo ni distancia que sean suficientes. Porque sabemos. No sé qué va a quedar de mí cuando estas palabras se desangren en tus ojos. No sé cómo me vas a recordar cuando estas líneas desparejas se inmolen en tus manos. ¿Vas a velarlas con las coronas, con los pétalos, con las noches de música y silencio? ¿Vas a olvidarlas en las páginas de un libro? ¿Vas a quemarlas con los rescoldos de la última batalla? Como sea, apuesto mis plumas a que las guardes tatuadas en tus garras. Ahora me toca desamarte, olvidarme del gusto que tu nombre me deja en los labios, desandar el camino de tus manos en mis rincones. Disimular mis cicatrices entre todos los demás trofeos. Cerrar el portal y desplegar las alas. Y hacerlo sabiendo que prefiero mil veces perderte que nunca haberte conocido. No me creas si te digo que no duele.
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yaelrosenfeld
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16 mar 2022
In LETRAS JUNTADAS
(Gracias a Nick Hornby por la idea: una conversación entre dos personas en un baño público, un comienzo incómodo, una progresión convincente, un final revelador) —Disculpame que te moleste… ¿ahí tenés papel? Porque acá se acabó… —Sí, acá hay, dame un segundito que te paso por arriba de la puerta. —No, no, dejá. Mejor espero que salgas, este bañito es un desastre. No se puede creer lo chanchas que somos las mujeres en los baños públicos… —Bueno, no todas… Tampoco hay que generalizar A mí me gusta encontrar el baño limpio así que lo dejo limpio. —Sí, tenés razón, yo también trato de cuidar la limpieza. Le voy a avisar a Cora de Mantenimiento para que reponga papel y de paso que arregle este enchastre. —Listo, todo tuyo… mirá qué limpito te lo dejé… impecable. —Sí, gracias… Ah, con razón no te conocí la voz… vos no sos de este piso... Yo creo que no te vi nunca... —No, no me viste. Es la primera vez que vengo... —Ah, recién entraste, felicidades… ¿Trabajas en el tercero? Ay, perdoname lo preguntona… Es que yo soy re amiga de Marita y no me contó nada de que había entrado gente nueva… Y eso que entre secretarias no hay secretos… —No, no, yo no trabajo acá. Vine para terminar un trámite… Soy abogada. —Ay, me voy a morir de vergüenza… ay, qué tarada que soy… no puedo ser tan boluda… —¿Qué te pasó? ¿Necesitás algo? —Ay, qué vergüenza… necesito un tampón… me acaba de venir… soy tan tarada… ¿Tendrás uno para prestarme? Te lo devuelvo enseguida, tengo en la cartera pero la dejé en el escritorio… Ni me imaginé que… —A ver… sí, acá tengo, tomá por acá arriba, ¿llegás? —Te lo devuelvo ahora. Salgo y voy corriendo a buscar la cartera. —No te preocupes, no es necesario… ¿Por qué estás llorando? Si no es para tanto, che. No te vas a poner a llorar por un tampón… —No, no estoy llorando… No es por eso que lloro… Es que… no me des bolilla… estoy un poco sensible, hace varios días que estoy así y yo creía que… —¿...que estabas embarazada? —¡Ay, sí! Pero vos cómo sabés, ¿se me nota? Ay, no, qué se me va a notar si no estoy... con lo que me había ilusionado… —Bueno, no te angusties si no pudo ser… lo importante es seguir buscando… —Ay, sí… Qué lindo es buscar, ¿no? Mi novio y yo buscamos en cada momento que podemos estar solos… vos me entendés… no dejamos escapar ni una sola oportunidad de buscar… —Sí, claro… cuando uno es joven… ¿Y hace mucho que están buscando? —No… mejor dicho, sí. Bueno, yo sí pero... es que me costó un poco convencerlo a Carlos… Viste como son los hombres… cuando empezamos a salir él todavía estaba casado y… pero después se separó, ¿eh? Yo le dije que si quería estar conmigo, si quería tener una relación seria conmigo, tenía que separarse. Y si él no quería dejar a su mujer entonces chau, que se quedara con ella. Yo no voy a ser una rompehogares… Yo tengo un sentimiento de hermandad con las mujeres, sonoridad como le dicen ahora. —SoRoridad, con R. —Sororidad, eso mismo. Así que al final él dejó a la mujer y se vino a vivir conmigo. A mi departamento, que es un poco chico, pero bueno, el corazón es grande… y cuando termine el divorcio nos vamos a comprar una casa… una casa en un country, así podemos criar muchos chicos. ¿Vos tenés hijos? —Sí, tengo tres. —Ay, mirá qué casualidad. Carlos también tiene tres… de su matrimonio, claro. Yo todavía no los conozco, pero me dijo que me los va a presentar pronto. Él los quiere muchísimo, todo el tiempo habla de sus hijos pero los ve tan poco… Es que él trabaja tanto, y ellos ya están en la facultad y también está la ex, viste… cada vez que habla con ella terminan a los gritos… Y los chicos algo de eso deben absorber, los chicos son como esponjas… ¿tus nenes cuántos años tienen? —La nena veinticuatro, los varones veintidós y diecinueve… Ya no son chicos aunque siempre van a ser mis nenes… —Ay, ¿pero cuándo empezaste? ¿A los diez? ¿Cómo es que tenés hijos de más de veinte? —Bueno, gracias, tampoco es tanto… cumplo cuarenta y ocho el mes que viene… —¡Cuarenta y ocho! ¡Ay, por favor, si yo no te daba más de cuarenta! Decime cómo hacés, mirá el lomazo que tenés ¡y tuviste tres embarazos! Yo tengo veintinueve y ya estoy toda fofa… Pasame tu receta… —¿Mi receta? Comer sano, correr diez kilómetros todas las mañanas y después hacer gimnasia. Y lo más importante: sacarme a Carlos de encima. —¿A Carlos? ¿El tuyo también se llama Carlos? —Sí, nena, se llama Carlos. Es tu jefe, mi ex. —¿Vos sos la esposa de Carlos? —Desde hace quince minutos, soy la ex esposa de Carlos. Vine a traerle la sentencia y los papeles para firmar… Justo antes de entrar al baño… Te lo dejé tan limpito como el inodoro este… —¿Limpito…? —Sí, chiquita, limpito. Olvidate del country por un tiempo, ¿sabés…? Van a tener que volver a ahorrar un poco para mudarse. —Pero… —Ah, y otra cosita… yo que vos no me haría muchas ilusiones de familia... Carlos se hizo la vasectomía después de que nació Juano… ¡No me digas que no te lo contó! Es que yo no me quería cuidar más y como ya teníamos tres… Le insistí y lo convencí… Por eso se entusiasma buscando, sabés… Chau, querida, me encantó hablar con vos pero tengo que volar al juzgado… ¡chaucito!
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yaelrosenfeld
pluma veloz
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11 mar 2022
In LETRAS JUNTADAS
navego tu cintura Sirena de abismos y corales descansa Sirena el ancla de tus ojos en la arena de mis manos cantame Sirena una marea de gaviotas que se lleve la tormenta mar adentro cuando la música nos ponga de rodillas Sirena mi piel naufragará en la espuma de tu voz una playa de agua viva
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yaelrosenfeld
pluma veloz
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11 mar 2022
In LETRAS JUNTADAS
Cada vez que su piel muere de sed, una revuelta de insomnios y desvelos termina con los ojos demorados en el viento que seduce al limonero detrás de la ventana. Entonces trepa y desafía. Debajo de sus ramas, las horas vuelan plácidas de tinta, y la noche se rompe en gotas azules de una ceremonia de palabras. Sabe que no va a volver hasta que despierte del todo, sabe que no hay nada más ajeno que ese medio cuerpo donde habita, sabe que la otra mitad extraña, remuerde y apuñala. Si cierra los ojos, el aire del oeste es una promesa que le tiñe las rodillas de lavanda. Entonces se apacigua y espera. La música no tiene muchos años pero dibuja el paisaje de su piel, la risa de la lluvia. No va a saber qué hacer cuando no sople más viento, no sabe cómo sostener la espada, no sabe de las astillas que su mitad derrama sobre los mares ciegos. Cuando abre la puerta, un lobo de alas rotas le muestra sus tijeras. Entonces se relame y deslumbra. Se ahoga la certeza, se queman los conjuros y el tiempo se consume en inventar la coartada para el próximo combate, la semilla de una historia escrita con sangre en la pared del desvelo. Este mismo insomnio que se despliega en flores enredadas en mi almohada.
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yaelrosenfeld
pluma veloz
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09 mar 2022
In LETRAS JUNTADAS
Mi nombre es Lulú y soy auxiliar de laboratorio. Hasta hace unos meses me desempeñaba como parte de un grupo de investigación en terapia genética. Guardo hermosos pero a la vez escasos recuerdos de aquellos días, tengo la certeza de que fueron largos años de dedicación al trabajo y sin embargo la primera referencia que logro evocar es el dolor terrible de un pinchazo que me atravesó la médula y desencadenó un torrente de lava por mi espalda, a la vez que disolvía una nube de confusión que parecía habitar mi cabeza hasta ese momento. Todavía me estremezco al recordarlo, pero después de eso todo fue armonía. Los auxiliares éramos tratados a cuerpo de rey, nos reconocían como la esperanza de la humanidad y nos brindaban todo tipo de cuidados y atenciones. Por aquellos días pude ver en el libro de investigaciones que tengo el honor de compartir el ADN con un prestigioso científico bioelectrónico, aunque nunca supe su nombre ya que estaba consignado en clave. Pero la época de gloria duró poco, pronto sobrevino un cambio de autoridades, se acabaron los subsidios, nuestro viejo director fue jubilado y se decidió desmantelar el instituto. Con una corta y muy emotiva ceremonia, todo el personal se despidió de sus colegas. Los auxiliares, divididos en grupos, fuimos reasignados a otros destinos, a los que partimos ese mismo día. Así fue como algunos de mis compañeros y yo llegamos hasta aquí. El traslado se hizo rápido, y sin embargo, aquel corto viaje fue el comienzo de un descenso al más inimaginable de los infiernos. No hay que ser un científico sagaz para darse cuenta de que este laboratorio no tiene ni una ínfima parte de la calidad y el prestigio de nuestro querido instituto, y para colmo no tardamos en enterarnos de que las actividades aquí son prácticamente ilegales y clandestinas. Porque aquí no se investiga, señores, aquí se practica lisa y llanamente la tortura. Aquí los auxiliares somos auténticos prisioneros de un tirano enano y caprichoso que nos somete a toda clase de tormentos y martirios ya sea por placer, por diversión o por simple aburrimiento. Desde nuestra llegada el nuevo director nos ha demostrado sus perversas inclinaciones y su inagotable creatividad para ejercer el sadismo. Todos mis compañeros han sido sacrificados mediante amputaciones, inyecciones, comida contaminada, descargas eléctricas, y macabros dispositivos de ejercitación continua. Los he visto luchar hasta el final, los he visto morir a todos. La última víctima fue mi pareja, a quien la bestia se llevó hace un par de días, en medio de las convulsiones producidas por unas misteriosas sustancias de colores y olor a amoníaco. Nunca volvió, el libro de investigaciones consigna algo relacionado con las microondas pero no logro leerlo completo debido a que mi habitación está rodeada de un mecanismo eléctrico que me impide acercarme a las ventanas. No sé cuándo me va a tocar a mí, pero presiento que no me queda demasiado tiempo. Ahora que estamos solo él y yo, el director ha concebido su primer acto de sadismo hacia mí y me ha bautizado con este nombre aberrante con el que me identifica. Pero yo le voy a demostrar que, aunque mis cromosomas digan lo contrario, soy un hámster macho con los huevos bien puestos y que corre por mis venas la sangre de un científico consagrado. Hoy cuando venga a buscarme para su próximo experimento, hoy cuando abra mi celda con la idea de someterme al nuevo delirio de su mente enferma, hoy mismo va a saber en carne propia lo que es sufrir una descarga. Cuando él crea que está desactivando el cerco que me rodea estará conectando su propia trampa mortal. Le voy a dar un poco de su propia medicina, solo que esta vez no van a ser los escasos volts de una pila alcalina sino todos los doscientos veinte que salen del enchufe que tengo acá atrás, del otro lado de los barrotes. Es increíble lo que logra una mente brillante con la sola ayuda de sus dos manos y un par de incisivos bien afilados. Mi nombre es Lulú y ésta es mi confesión: voy a matar al Director y vengar a todos mis compañeros. Tengo la conciencia limpia y estoy preparado para lo que venga. No le tengo miedo a la cárcel, toda mi vida la pasé encerrado. Hasta mi propio cuerpo resultó ser una jaula.
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yaelrosenfeld
pluma veloz
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08 mar 2022
In LETRAS JUNTADAS
en el borde conectada junta los fragmentos de su historia y de su cuerpo inspira sabe que este salto es un ritual y no quiere equivocar ninguna frase suelta el recuerdo es como un látigo en la piel su voz una tormenta en los oídos fluye dibuja el nuevo rumbo con las manos devuelve su silencio a bocanadas nada nada en el fondo no va a extrañar el aire ni el agua es ceremonia de palabras
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yaelrosenfeld
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06 mar 2022
In LETRAS JUNTADAS
Un afiche, una película, un recuerdo, un lugar, una historia Junta las piernas, alinea los pies, traba los dedos en el borde rugoso. Con el cuerpo, dibuja un movimiento suave y acompasado, adelante, atrás, las manos acompañan en dirección opuesta, atrás, adelante, ritmo y balance. Arquea la espalda, flexiona las rodillas, extiende los brazos adelante y arriba, hay un instante de aferrar los pies al piso para darle más impulso al salto. Salta, con la fuerza justa. El cuerpo viaja en una curva suave hacia el agua, los ojos fijos en la superficie, la cabeza firme entre los brazos. Las manos cortan el agua, rompen la película y el cuerpo sigue siempre hacia adelante. Entonces, todos los ruidos se juntan en uno solo, sordo e indescriptible, los ojos cerrados, y después el silencio, los ojos abiertos, hacia adelante una, dos, tres veces y recién cuando se extraña el aire hacia arriba, surgen las manos, los brazos, la cabeza y los hombros. [Si pudiera estar segura de que hay una pileta cada vez que quiero zambullirme, no tendría tantas dudas. Me tiraría de cabeza. Si supiera que puedo dejar de nadar cuando yo quiero y pudiera salir y simplemente darme una ducha y volver a mi vida, andaría por todos lados con la malla debajo de la ropa]. Después de toda una vida de zambullirse, ese último sonido que no sabemos describir, te avisa si entraste bien o entraste mal, si vas a ganar metros volando paralelo y al ras de la superficie, o si vas a hundirte y derrochar unos cuantos segundos para subir. Antes de volver a hundirte, antes de volver a probar hasta dónde te dan los pulmones, ya sabés que entraste bien, que cubriste una aceptable distancia de vuelo, que esas cosas que aprendimos y practicamos hasta agobio quedan incorporadas porque son imposibles de olvidar. Como todo, siempre. [Gonzalo es una vida en la playa. Arena, sol, tragos de colores. Desafiar las olas desde la orilla. Meterme al mar para refrescarme y de vez en cuando bucear un poco entre las piedras para nunca olvidarme de que hay todo otro mundo debajo del agua] Abajo otra vez. Agua todo alrededor, el universo azulverdoso. Ahí abajo las ideas se aceleran porque el silencio las concentra. Podemos tomar las decisiones más difíciles ahí adentrobajo del agua, de cualquier tipo de agua, porque la mente vuela a la velocidad del impulso que le diste a la salida, se focaliza en esa sola idea y todo lo demás se aleja. Cuanto mejor entrás, más velocidad, menos roce, más distancia desde el borde y desde el mundo, menos aire derrochado, más ventaja, menos desgaste, más posibilidades. [Ernesto es una hora de nadar en el mar abierto, sin playa a la vista, sin una tabla anudada al tobillo, sin un borde en el que apoyarse para dar la vuelta. Sin un bote para refugiarme cuando me canse del agua salada, del olor a océano, del sol implacable. Sin nada. Nadar y saber que en el fondo, donde quiera que esté el fondo, hay una quijada dispuesta a morder sin medir las consecuencias, una mordida que no va a pedir permiso ni detenerse en precauciones. Una mirada cuchillo que no se va a detener hasta poder saborear la sangre]. Un largo completo con el impulso y todavía queda resto. Las manos tantean la pared celeste, el cuerpo las piernas se encogen, gira, los brazos adelante, la fuerza sale de las piernas y la cintura, las rodillas hacen el impulso acolchado por el agua, el cuerpo vuelve a extenderse y otra vez. Brazada, patada, brazada y el cuerpo sale hacia adelante. Los pulmones alcanzan casi hasta el otro borde, la cabeza busca arriba, corta la superficie, el pelo chorreado, el agua pegada a la cara los ojos, la boca se abre para ayudar a tragar aire luz ruido mundo. [Desde la seguridad de la playa, mirás allá cerca del horizonte y el mar siempreverde parece llamarte con su voz de sirena. Es una canción pegadiza que no podés sacarte de la cabeza y repetís una y otra vez hasta que te decidís y corrés al agua y nadás en línea recta hasta que todo sea verde. Hasta que no se vea más que agua y la playa sea apenas un faro que se intuye a lo lejos. Hasta sentir el rumor de su piel lustrosa, el filo de sus ojos, el fuego de tu piel desgranándose en su boca].
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yaelrosenfeld
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03 mar 2022
In LETRAS JUNTADAS
¿Por qué Julia? No lo sé, no recuerdo cómo empezó todo. A esta altura de la vida la memoria es un montón de fotos y películas mezcladas y contradictorias. Por ejemplo, si me preguntás rápido y yo te contesto sin pensar, te voy a decir que Santiago, mi mejor amigo de la infancia, se fue a vivir a Tucumán justo después de que falleció la mamá. Teníamos ocho o nueve años y cuando empezaron las clases la maestra nos contó del accidente en la Ruta 9. Mi recuerdo es que en esas mismas vacaciones el papá decidió quedarse en su provincia para que la familia lo ayudara con los tres hijos, pero Santiago siempre me corrige: ese año volvieron como dos meses más tarde y se tomaron dos años más antes de instalarse en Tucumán. Y entonces recién ahí, acomodando las piecitas desparramadas del rompecabezas, me acuerdo de un día que se quedó a dormir en casa y mi mamá lo felicitó por lo bien que se lavaba los dientes y él le respondió que lo hacía de la forma que le había enseñado su mamá y así la recordaba mejor. Pero es mentira lo de Julia, me acuerdo perfectamente. Cuando entré al Industrial las chicas no hacían precisamente cola para ingresar a una escuela técnica: en mi división éramos veinticinco varones y siete mujeres. La más linda de las chicas, sin lugar a dudas, era Vivi, la única que lograba que el guardapolvo gris le quedara como un vestido de fiesta. Vivi era una morocha llena de curvas que todos los días tenía que ir al baño a sacarse el maquillaje para que no la sancionaran. Y ahí nomás, rubia y lánguida como las Trillizas de Oro, estaba Eugenia, sus polleras siempre al límite de lo antirreglamentario. Nunca entendí qué hacían esas dos en el Industrial, porque parecía que no había nada que odiaran más que ensuciarse en el taller. Y así y todo se recibieron, como todos, y partieron raudas a sus futuros de psicóloga o profesora de educación física. Las otras chicas no estaban mal, al menos eso es lo que recuerdo ahora: Pato era tan alta que sólo Juan y Martín la pasaban, Marce un poco gordita para su poca altura y demasiado extrovertida, Flor tenía una fuerza impresionante y Diana era la traga de la división. Y después estaba Julia, y si ahora te tengo que decir por qué me enamoré de Julia, voy a terminar confesándote que ella era “la que me quedaba”. No, no me malinterpretes, ya sé que dicho así suena un poco feo pero no te estoy diciendo que la elegí por descarte. Más bien lo que siento, ahora, todos estos años después, es que Julia era la chica a la que yo me creía capaz de llegar. Porque Vivi y Euge eran esas diosas imposibles, que salían con chicos “de la facultad” y ni por equivocación se iban a fijar en un compañero de división. Pato me sacaba más de una cabeza y hasta calzaba más que yo, Flor me daba miedito y las otras no me parecían ni muy lindas ni muy interesantes. Y entonces quedaba Julia, y Julia… era perfecta para mí porque, igual que yo, en el grupo grande de la división no sobresalía demasiado. Nunca estaba en el centro de atención ni era el alma de las fiestas. Igualito que yo. Amaba el taller, las herramientas y las matemáticas, igual que yo. A medida que fueron pasando los meses, Julia estaba cada vez más, siempre con sus ojos brillantes y la sonrisa indomable. Nos hicimos más amigos cuando el azar nos juntó en un trabajo práctico de física. Teníamos que hacer ensayos en el laboratorio y juntarnos a investigar en la biblioteca, armar un informe que después había que presentar en la exposición anual del colegio. Éramos cinco en el grupo, pero ella se puso el trabajo al hombro porque los otros chicos no hicieron nada. Julia hizo todo y yo estaba ahí, porque ahí estaba ella. A esa altura, más o menos a la mitad de nuestra historia en el colegio, yo ya estaba enamorado hasta la coronilla. Después de la presentación, en la que nos sacamos un diez, decidí que tenía que hablar con ella y contarle lo que sentía. Necesitaba una ocasión especial y justo apareció la primera fiesta de quince: el cumpleaños de Eugenia. Tenía un mes para que todo saliera perfecto. El terreno era conocido, porque la fiesta era en el quincho de la casa de Eugenia, el lugar donde siempre hacíamos las reuniones de toda la división porque ocupaba prácticamente una manzana completa. Me imaginaba que en el transcurso de la fiesta podía usar cualquier excusa para llevar a Julia al borde de la pileta, lejos de todos, y hacer algo bastante romántico. Ella seguramente iba a estar de vestido, así que yo le pedí a mi mamá que me alquilara un traje con chaleco. Pasé muchas tardes escribiendo y ensayando lo que le iba a decir e imaginando cómo iba a ser todo, qué iba a decir ella, su sonrisa y sus ojos y el beso inmenso que le iba a dar. Para agregarle color a la historia, el día antes de la fiesta jugábamos la final intercolegial de fútbol contra nuestros eternos rivales, los del Nacional. Nuestro equipo venía imbatible y nadie dudaba de que íbamos a ser campeones. Y así fue, jugamos nuestro mejor partido, ganamos y, cuando dábamos la vuelta olímpica ahí estaba toda Julia festejando con nosotros. Ella estaba tan linda y yo tan feliz que casi me dejo llevar y me declaro ahí mismo. Pero no, mi plan era tan bueno que me daba lástima desperdiciarlo. Había esperado tanto tiempo que podía perfectamente esperar un día más. Y tratando de ser perfecto me quedé sin nada. Ya era casi de noche cuando entramos a los vestuarios. Algunos de los chicos todavía teníamos ganas de cantar y saltar y nos demoramos en el centro de la cancha. Pero había que apurarse porque nos esperaba la cena de los campeones en el Rotary Club. Entré con los últimos pero atrás mío venía Martín, con una euforia que desbordaba sus casi dos metros de altura. “Somos campeones, somos campeones” le grito y él también, “somos campeones” y enseguida “no sabés lo que me pasó, loco, acabo de ponerme de novio… le dije a Julia si quería salir conmigo y me dijo que sí… es un flash, loco… ¡somos campeones y mañana voy a la fiesta con novia!”.
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yaelrosenfeld

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